“Con mucha emoción me preparo para el viaje, con muchas emociones mezcladas también. Nunca puede volver a Malvinas y puedo regresar ahora gracias al Municipio de Almirante Brown”, dice Ángel Domínguez, veterano de la gesta de Malvinas, vecino de José Mármol y uno de los dos integrantes del Centro de ex Combatientes Puerto Argentino de Brown que viajarán de regreso a Malvinas el 10 de abril, como parte del programa municipal que le da la posibilidad de volver a las islas.
Con él viajará Nemesio Luis Navarrete, chaqueño como Ángel, vecino de Rafael Calzada. “Nunca había ido, pero este año los compañeros me insistieron y me anoté. Espero el viaje tranquilo, lo más tranquilo que pueda porque soy medio calentón”, dice Navarrete. Ángel dice que le va a traer “muchas sensaciones estar otra vez en Malvinas. Me traerá muchos recuerdos feos y lindos. Porque nos propusimos objetivos que pudimos lograr”, dice.
Ángel trabajaba en Prefectura cuando el 6 de abril de 1982 viajó en el Guardacostas CG Malvinas. Llegó a las islas un martes 13, en medio de una tormenta como la de las películas, con olas y con un viento que Ángel jamás olvidará. “Había olas de nueve, diez metros. Llegar fue una batalla ganada”, dice. El guardacostas de 22 metros de largo llevaba 18 personas que tenían por misión abastecer de pertrechos a las tropas argentinas.
Los duros años de la posguerra
“Eran tiempos difíciles. Nunca dije que era veterano de Malvinas porque me cerraban las puertas en todos los trabajos. Después, gracias a Dios, eso se dio vuelta. Nos empezamos a organizar, empezamos a trabajar, a luchar, algunos muchachos consiguieron trabajo en las escuelas”, dice el hombre que lleva 24 años como parte de la comunidad educativa de Brown. “No la pasamos nada lindo allá”, dice el hombre, que tenía con sus compañeros la tarea de abastecer de víveres y alimentos a las posiciones argentinas en las islas del Atlántico sur. “Se trataba de hacer mandados en medio de la guerra. Lamentablemente, perdimos a dos compañeros”, dice.
Navarrete también sufrió la posguerra. “Cuando volví de Malvinas no quería saber nada con nadie. Después de un año en la construcción, en mayo de 1984 entré en Firestone, donde trabajé por 25 años. Jamás dije nada que fui veterano de Malvinas. Se enteraron luego de 7 años”, dice Nemesio para resumir los años duros del regreso, una constante de cientos de veteranos de Malvinas.
Al regreso, en junio de 1982, Ángel trabajó poco tiempo más en esa fuerza y pidió la baja de Prefectura. Luego fue carpintero y por casi dos décadas guardó en secreto que había sido combatiente de Malvinas.
El recuerdo de las islas en tiempo presente
Nemesio dejó su trabajo en una fábrica de tanques en Lomas de Zamora cuando recibió el llamado para hacer el Servicio Militar Obligatorio y partió: era 1981, la tensión crecía en el país, con la junta militar cambiando figuras para poder tomar aire en un contexto marcado por la presión internacional por los miles de desaparecidos, la ruptura de la industria nacional y el fastidio en una población que empezaba a soñar con la democracia. El vecino de Calzada fue a la guerra sabiendo cocinar, lavar y planchar. El 12 de abril tenía la baja, pero la declaración de guerra lo obligó a viajar a Malvinas, con un año de instrucción. Ahora todo lo que imaginaba, lo que ensayaban, era cierto: ahí estaba el poderoso ejército del Reino Unido y la OTAN.
Nemesio vivió siempre en el mismo barrio de Calzada. Fue del Chaco a Monte Chingolo, de ahí al barrio Zabala de Calzada, donde llegó hace 54 años: cazaba liebres y perdices en este lugar que cuando él llegó era un descampado. Más allá, recién empezaba a construirse el barrio 2 de abril. Ahora es jubilado, inauguró el 1 de abril la cancha Puerto Argentino, donde trabajarán sus hijos. Ubicada sobre Picaflor, entre Presidente Perón y Dardo Rocha, significa un legado del ex combatiente para sus hijos. «Yo se las dejo a ellos y me voy a dedicar a viajar», dice.
Luego de los años oscuros de la posguerra, llegó Domingo Corvalán a su casa de Calzada. Recuerda también a Carlitos Gómez, a Ferreyra, todos ex combatientes de Malvinas. “Ahí empezamos a juntarnos para pedir trabajo”, dice este padre de cuatro hijos que lleva días pensando en el viaje de regreso a Malvinas. “No voy a dormir esa noche”, resume y deja sentada su gratitud. “Quiero agradecerle a la Municipalidad. Siempre en el municipio están a la par nuestra, siempre nos dan una mano”, dice el vecino de José Mármol, a quien ahora la vida le da la oportunidad de desandar sus pasos en las islas que lo marcaron para siempre.










