Una kiosquera de Lomas de Zamora a punto de jubilarse llamado Rosa descubrió una pesadilla financiera cuando intentó sacar una tarjeta de crédito: su identidad había sido usurpada para pedir 19 préstamos que suman cerca de 9 millones de pesos. Lo que al principio parecía un fraude común, resultó ser una estafa perpetrada por su propia hija.
Todo comenzó el 30 de junio de 2024, cuando la hija de Rosa abrió una cuenta bancaria en línea usando el DNI y los datos biométricos de su madre. La joven, que solía hacerle los trámites a su mamá, aprovechó esa confianza para usar su rostro y abrir la cuenta. Luego, entre octubre y diciembre, solicitó y obtuvo 19 préstamos personales que transfirió a su propia cuenta.
Según el abogado de la víctima, Diego Proietti, el banco otorgó los créditos de forma automática, sin controles adecuados, lo que va en contra de las leyes de seguridad en transacciones electrónicas.
De acuerdo a lo publicado por el portal Infobae, la estafa se mantuvo oculta hasta el 28 de marzo de 2025, cuando Rosa, ya endeudada y con su historial crediticio arruinado, confrontó a su hija. La joven, que tenía deudas de juego, confesó haber vaciado otra de las cuentas de su madre.
Esta revelación destrozó a la familia. «Mi mamá se descompensó y casi le agarra un infarto», contó otra de las hijas. La traición fue tan dolorosa que Rosa echó a su hija de la casa y cortó la relación.
Rosa presentó una denuncia penal por suplantación de identidad y fraude. En la mediación, la abogada del banco se negó a reproducir un audio clave donde se escucha a la hija refinanciando la deuda haciéndose pasar por su madre. Además, el banco se comunicaba con el número de teléfono de la hija, no el de Rosa.
Afortunadamente, el Juzgado Comercial N° 14 dictó una medida cautelar que frena el cobro de la deuda y la calificación negativa de Rosa mientras continúa la investigación. El abogado Proietti explicó que si se prueba que la deuda no fue contraída por Rosa, todo será anulado.
Ahora, el caso avanza con una demanda civil contra el banco por daños y perjuicios. El objetivo es que la entidad financiera no solo cancele los préstamos, sino que también pague una indemnización por el daño moral causado a Rosa, un proceso que podría tardar años.










