Este 24 de marzo se cumplen 50 años del quiebre institucional que marcó a fuego la historia argentina. A medio siglo de aquel 24 de marzo de 1976, la conmemoración no solo se mide en fechas nacionales o actos oficiales, sino en la memoria de los barrios, donde el terrorismo de Estado dejó huellas profundas y familias desmembradas. Una de esas historias, fue la de Arnaldo Darío y Amado Nelson Cáceres en San Francisco Solano.
La medianoche del 23 de febrero de 1978, un grupo de más de diez personas de civil irrumpió en una vivienda de la calle Humberto Primo y Santa Ana, en San Francisco Solano. Buscaban a los mellizos Arnaldo Darío y Amado Nelson Cáceres. Tenían 17 años, habían nacido en Paraguay y crecido en nuestro partido. Eran estudiantes secundarios —uno en la escuela «Ángel Gallardo» y otro en el «Simón Bolívar» de Avellaneda— y militantes de la UES. Pero, sobre todo, eran músicos
El secuestro de los jóvenes no fue un hecho aislado, sino parte de una metodología sistemática. Tras la irrupción en la casa, el padre de los mellizos, Melchor Cáceres, inició una búsqueda desesperada que lo llevó al batallón «Viejo Bueno» de Monte Chingolo. Allí, obtuvo una respuesta que resume el sentido de aquella época.
«A sus hijos los tenemos por subversivos», le dijo el Capitán Ferrone, justificando el accionar militar con un argumento que hoy suena escalofriante: «Porque después de cada guitarreada salían a pintar paredes». Para los represores, el hecho de que Arnaldo y Amado fueran jóvenes con inquietudes —que combinaban la música con la militancia— era una amenaza suficiente para decidir sobre sus vidas. Como parte del procedimiento, a Arnaldo lo raparon en el momento, posiblemente para facilitar su identificación en los centros de detención.
Melchor Cáceres no solo buscó a sus hijos en comisarías y regimientos, sino que sufrió en carne propia la violencia del régimen: al mes del secuestro de los mellizos, un nuevo grupo de tareas irrumpió en su casa preguntando por los jóvenes. Al no encontrarlos, se llevaron a Melchor, quien estuvo detenido durante 30 horas.
Arnaldo y Amado nunca fueron vistos en centros clandestinos de detención y continúan desaparecidos.









