El Cottolengo Don Orione recibió con profundo pesar la noticia del fallecimiento del padre Miguel Ángel Pereira, ocurrido en la madrugada de este lunes en la institución de Almirante Brown. A sus 75 años, y con más de medio siglo de vida consagrada, su partida deja un vacío profundo en una comunidad que lo define como un hombre que partió al encuentro del Padre dejando una “huella de caridad efectiva”.
Su trayectoria religiosa, que se extendió por 53 años, estuvo marcada por una fidelidad absoluta al carisma de su fundador, San Luis Orione. Según destacaron desde la institución, el Hermano Miguel Ángel fue un religioso que buscó “hacer el bien siempre, el bien a todos, el mal nunca a nadie”. Su labor se centró en el servicio directo a las personas con discapacidad, donde su rol trascendió lo formal para convertirse en una “presencia paterna” que velaba por el bienestar de los residentes sin conocer de horarios ni de cansancio.
Quienes compartieron el día a día con él lo describen como un “maestro de la empatía”. El comunicado de la comunidad subraya que su enseñanza no nacía de los discursos, sino de sus gestos cotidianos: desde el silencio de una guardia junto a un enfermo hasta el detalle de “prepararles algo especial de comer que a ellos les gustara”. Para muchos de los residentes, el Hermano fue un verdadero “papá” que sabía escuchar las historias de cada uno, comprendiendo que cada persona requiere un trato especial.
La despedida formal se realizó este lunes 23 de febrero en el Pequeño Cottolengo de Claypole. La jornada comenzó con la Misa exequial en el Santuario, para luego proceder al traslado de sus restos al cementerio. Desde la Obra Don Orione invitan a toda la comunidad a unirse en oración, con la convicción de que, desde el Cielo, el Hermano Miguel Ángel “seguirá intercediendo por sus queridos residentes y por toda la Familia Orionita”, destacaron.










