Cuando cursaba Trabajo Social en el ISFD 53 de Glew Mariana Ibara no imaginó que iba a trabajar con niños. «Pensé que no iba a darme el alma», dice. Una vez recibida, empezó a sumar experiencia laboral y también a observar la situación actual, que le fue dando pie para empezar a pensar en un lugar donde niñas, niños y adolescentes encuentren un remanso de libertad y contención en el barrio, un lugar que sea también de aprendizaje. Así nació Ludotekitos, un espacio pensado para aprender jugando.
«Ante el contexto actual de discapacidad, tan difícil, con un quiebre que está atravesando la educación, con chicos y chicas que en cuarto grado no saben leer, empiezo a pensar en este proyecto», narra Mariana a Brown On Line. «Este espacio comunitario es un lugar de encuentro para los niños. Tenemos una mirada que no es la de la educación tradicional, sino una mirada puesta en las necesidades que tiene cada niño respecto de la alfabetización, en un contexto donde también actúa la familia, lo emocional, lo económico, lo social, lo situacional».
Abrió las puertas de Ludotekitos el 20 de abril y enseguida empezó a recibir niñas y niños que solo algunas semanas después le dicen gracias con un abrazo profundo con un dibujo donde la agradecen la paciencia y la libertad creativa. «Se sienten libres de todo acá», resume ella sobre su proyecto que funciona de lunes a viernes, siempre por las tardes en el barrio Gendarmería de Glew.

«Doy una atención personalizada, con una enseñanza que se da a través del juego. Pero este es un espacio, no una escuela, no hay un método, sino una dinámica de juegos que sea corto pero significativo y veo que esto devuelve más ganas de aprender.»
Ella trata niños que están en una situación vulnerable: chicos que no tienen acceso a un celular, por caso. «Cada uno aprende de diferente forma. Y muchas veces la familia no sabe de qué modo el niño o niña puede aprendar a leer por ejemplo. Y acá generamos algo muy lindo en poco tiempo, con chicos que en 15 días aprenden a leer. Saben que yo no los voy a retar si se confundieron en las tablas, si se equivocan una letra o si escriben algo de cierta forma. Acá pueden ser ellos mismos. No son juzgados por no saber algo. Es el aprendizaje a través del juego, poniendo en movimento el cuerpo también.»
Mariana brinda también talleres para familias que han llegado ahí para ver cómo siguen luego del diagnótico de autismo, por ejemplo. «Los viernes tenemos atención psicológica para niños y adolescentes que vienen derivados desde la Escuela 31 que está a cinco cuadrtas de nuestro espacio. Yo digo siempre que este es un espacio de paso donde trabajamos con mucha alegría».









