El femicidio de Noelia Carolina Rivero, ocurrido en la localidad de Temperley, sumó nuevos elementos clave a la investigación penal en las últimas horas. Matías Núñez, el imputado por el crimen de la joven de 31 años, se negó a declarar ante la Justicia. En paralelo, el avance de la causa confirmó que el acusado ya contaba con antecedentes por denuncias previas de violencia de género.
Actualmente, Núñez permanece internado fuera de peligro en el Hospital Luisa C. de Gandulfo, en Lomas de Zamora, donde se recupera de las lesiones autoinfligidas que se provocó en un intento de suicidio antes de ser aprehendido en el lugar del hecho. Tras una intervención inicial de la fiscal Marcela Juan, la causa quedó bajo la órbita del fiscal Jorge Grieco, quien intentó indagar al acusado, aunque este optó por mantener el silencio.
Las declaraciones públicas de Diego Rivero, hermano de la víctima, terminaron de reconstruir el contexto de extrema hostilidad y desprotección que sufría la joven, exponiendo además sus proyectos truncados en el ámbito de la pastelería. «Era violento, posesivo y la tenía amenazada», remarcaron desde su entorno familiar, exigiendo que el detenido reciba la pena máxima sin acceso a futuros beneficios de reinserción social.
el vínculo entre Rivero y Núñez se extendió por seis meses. Tras un incidente inicial en el cual el agresor provocó destrozos en el departamento que la joven alquilaba en Monte Grande, iniciaron una convivencia que duró tres meses. Un mes antes del crimen, debido al incremento de las agresiones, Noelia interrumpió la relación, lo que desató un acoso sistemático.
“Le mandaba mensajes todo el tiempo, le ponía alarmas para que le escribiera y le hacía videollamadas para saber dónde estaba. Era una tortura”, describió Diego Rivero sobre los mecanismos de control estricto que incluían, además, el monitoreo de sus cuentas bancarias.
Días antes del desenlace, la víctima había logrado vulnerar ese cerco temporalmente. “Salió corriendo sin teléfono, llegó a un almacén y pidió ayuda para llamar a una amiga”, recordó su hermano. Esa amiga acudió a buscarla y la trasladó al domicilio de su madre. “Estaba aterrada, no estaba enamorada”, afirmó Diego de manera tajante.
Sin embargo, el regreso de Noelia a la vivienda de la calle Lavalle al 1700, en Temperley, se produjo bajo coacción. Según denunció la familia, Núñez implementó amenazas de muerte explícitas contra el entorno de la joven. “Le decía que iba a matar a mi mamá o a mi abuela”, puntualizó el hermano, explicando el trágico dilema que enfrentó la víctima: “Ella quería protegernos”.
El día del femicidio, el personal de la Policía Bonaerense se posicionó en el perímetro exterior de la finca tras recibir alertas que daban cuenta de la situación de riesgo. No obstante, los efectivos aguardaron la correspondiente orden judicial para proceder al ingreso forzado, una demora operativa que la familia cuestiona con dureza, afirmando que no se actuó de manera inmediata a pesar de saber que la mujer estaba retenida contra su voluntad. Una vez obtenida la autorización de la fiscalía, los agentes accedieron a la habitación a través de los techos y pasillos linderos, donde hallaron a la joven sin vida y con múltiples heridas de arma blanca en el tórax y la espalda.









