El primer monumento a la bandera realizado en nuestro país está en Burzaco y tiene una historia secreta: fue construido con partes de una embarcación histórica, su emplazamiento significó una remoción de caños que pasaban bajo la plaza y su impulso inicial encontró en los vecinos de Burzaco a los máximos inte4resados en rendirle un homenaje a la bandera creada por Manuel Belgrano.
A diferencia de los grandes proyectos estatales, el gigante de Burzaco nació desde el barrio. En 1937, una comisión de vecinos de Almirante Brown se planteó un objetivo que parecía imposible para la época: levantar un monolito de 23 metros de altura en una localidad que todavía combinaba calles de tierra y quintas.
El escultor local Claudio León Sempere y el constructor Francisco Blumetti se cargaron al hombro el diseño. No usaron fondos multimillonarios de la Nación; lo hicieron a pulmón. Incluso los imponentes cóndores de bronce que coronan la base esconden un secreto de reciclaje histórico: fueron fundidos con el metal de los cañones de uno de los barcos del Almirante Guillermo Brown.
El fundido de los dos cóndores se llevó a cabo en el Arsenal Naval Río Santiago, hoy Astillero Río SAntiago, en Ensenada. El bronce empleado provenía del Acorazado Almirante Brown, una embarcación que sirvió al país entre 1880 y 1926 y fue adquirido por el ministro Manuel Rafael García Aguirre a la firma Samuda & Bross en el año 1879 a un valor de 190.000 libras esterlinas. LA finalidad: contrarrestar en un eventual conflicto los avances navales que experimentaba en ese entonces la escuadra chilena en la Guerra del Pacífico.

La Comisión de vecinos se creó en 1938 y fue la encargada de llevar el proyecto adelante y de reunir los fondos para su realización. Todos los vecinos de Almirante Brown colaboraron, ya sea con efectivo o materiales para la construcción. El monumento se encuentra en el centro de la Plaza y mide de altura hasta la punta del mástil 23 metros, está revestido en mármol travertino y en la parte superior se encuentran dos cóndores de bronce que custodian el símbolo patrio.
Mientras que la imponente estructura santafesina del monumento a la bandera de Rosario se inauguró recién en 1957, los vecinos de Almirante Brown ya tenían el suyo custodiando el cielo del Conurbano desde mucho antes: se inauguró el 25 de julio de 1943, ganándole la carrera de la historia por más de una década a la mismísima ciudad donde Manuel Belgrano izó la bandera por primera vez. Un hito nacido desde el barrio y los vecinos
La grieta del reconocimiento: ¿Por qué el olvido?
¿Cómo puede ser que el primer monumento del país haya quedado eclipsado por el de Rosario? La respuesta combina marketing geopolítico y presupuesto. El monumento rosarino es una mole de escala monumental financiada por el Estado nacional, pensada para ser el epicentro de los actos oficiales de cada 20 de junio. Burzaco, en cambio, quedó como un secreto de orgullo local, un tesoro bonaerense que durante décadas solo se transmitió de boca en boca entre los habitantes del partido.

La justicia histórica tardó en llegar, pero llegó. En 2019, el Congreso de la Nación lo declaró oficialmente Monumento Histórico Nacional, blindando su estatus y reconociendo que, en materia de homenajes patrios, Almirante Brown picó en punta.
La Plaza Belgrano de Burzaco no es solo un espacio verde para tomar mates un domingo. Es el recordatorio de que la historia grande de la Argentina no siempre se escribe en las capitales ni en las grandes urbes; a veces, se construye en una plaza de barrio gracias al empuje de su propia gente










