En 2004 una publicidad de Ronaldinho le disparó la creatividad: descubrió que podía hacer una serie de trucos y malabares con la pelota. Iba a un cyber que estaba cerca de su casa y los veía, en cámara lenta, cientos de veces. «A diferencia del fútbol, el freetyle no tiene presión. Acá, cuanto más entreno mejor salen los trucos. En el fútbol si te equivocás no te ponen más en el equipo. Acá entreno y las cosas me salen mejor», compara este joven de Burzaco llamado Carlos «Charly» Iacono, doble campeón de una disciplina de habilidad con la pelota llamada free style.
«Lo mas importante es la pasión. A mi nadie me enseñó, fui creando mi propio método. Personas que practican yoga me preguntan si hago esa disciplina y la verdad es que no», dice este joven que empezó a jugar en un club de su barrio hasta que en un momento se dio cuenta de que esos movimientos de break dance, con mezcla de malabares, le abrió una puerta increíble. «Persisitencia, disciplina y paciencia», enumera Charly, que lleva 20 años practicando la disciplina que empezó probando con sus amigos de la escuela.
“Mi viejo me quería llevar a las pruebas de los equipos de Primera, y yo me negaba porque sentía que no podía hacer lo que me gustaba”. Su padre, que veía en su hijo la habilidad, quería que jugase en algún equipo de Primera. “Cuando cumplí los 15 años se calmó, y recién ahí fui a Temperley sin decirle a nadie. Como me aceptaron para el equipo de Liga (alternativo al de la AFA), decidí ir a probarme a Lanús”, explicó. Para esas alturas, los hermanos más grandes ya no lo obligaban a ser el arquero en los potreros, ni tampoco recibía los consejos de su papá.
Tres campeonatos latinoamericanos, cinco campeonatos nacionales y un doble campeonato mundial. Los logros del joven de Burzaco.
En la primera prueba, en Lanús, Charly fue seleccionado junto a otros 14 jugadores en un examen en el que participaron más de 100 candidatos. “Usted, venga mañana que lo queremos volver a ver”, fueron las palabras que recibió del coordinador de las divisiones menores del Granate. Pero en el tercer entrenamiento una lesión cambió su destino. “Estábamos jugando contra los chicos de la sexta cuando un defensor me agarró de atrás y me dio una patada terrible que me sacó del partido”, rememoró el delantero que en ese encuentro lo habían puesto de wing derecho.
Tuvo un esguince grave (grado 4), pero el amor por el fútbol lo llevó a seguir participando de los picados en el barrio. En la actualidad asegura que fue el “punto de quiebre” para encauzar su vida. Al no haber tenido el tratamiento correspondiente basado en el reposo y la kinesiología, se le hizo una lesión crónica.
“Al principio iba a los partidos y corría lo menos posible. A veces me mandaban al arco, pero como no me gustaba prefería salir para hacer jueguitos al costado de la cancha”, reveló Charly, quien aprendió sus mejores trucos con la pelota gracias a la admiración que sentía por Ronaldinho: “Veía la magia que tiraba dentro y fuera de la cancha y quería imitarlo en todo”.
Su primer logro fue la Vuelta al Mundo. Y lejos de conformarse, continuó trabajando en la búsqueda de nuevos trucos que le permitieran desafiar su habilidad. “Miraba muchos videos de Dinho en YouTube, hasta que se me asociaron imágenes de freestyle en Europa. Era algo que estaba naciendo. Me llamó la atención lo que hacían un japonés y un holandés. Ellos eran muchísimo mejores que Ronaldinho, pero no eran famosos. Gracias a ellos me metí de lleno”, reconoció.
Hoy, con 29 años, Iacono cree que fue “una locura”. Lo que empezó como un juego se transformó en su profesión: “Veía a pibes que no eran conocidos que les iba bien. Eso me abrió la cabeza y me ayudó a darme cuenta de que yo también lo podía hacer”.

Otra vez, sin mencionarle nada a nadie, Charly se presentó en el torneo nacional que organizó Red Bull en la cancha de Atlanta. A pesar del frío que invadió aquel junio de 2007, Carlos desplegó su rutina con movimientos naturales que le permitieron quedarse con el primer puesto. A su primer campeonato regional (Buenos Aires) se le sumó el título nacional, cuando superó a un muchacho que se perfilaba como candidato por los shows que brindaba en Lavalle y Florida.
Ser el campeón argentino de freestyle le abrió las puertas del mundo: participó del certamen latinoamericano en Brasil, donde finalizó segundo y se animó a la pantalla chica cuando incursionó en el popular programa Talento Argentino.
Los malabares ante los ojos de Mariano Peluffo, Catherine Fulop, Maximiliano Guerra y Kike Teruel se convirtieron en un fenómeno viral que trascendió las fronteras. “Después de esa presentación me empezaron a invitar de todos lados”.










