Temperley: pacientes del Estéves denunciaron por violación a un enfermero de Longchamps

Temperley: pacientes del Esteves denunciaron por violación a un empleado que vive en Longchamps

Al menos dos pacientes del hospital neuropsiquiátrico José Esteves de Temperley denunciaron que fueron violadas y golpeadas por un empleado del hospital que vive en Longchamps y todavía sigue trabajando en ese centro de salud mental.

Mariela, una joven de 21 años, contó su calvario en el Estéves durante la inspección de la Comisión Provincial por la Memoria, en julio de 2016. Internada en la sala de admisión del hospital ubicado sobre la calle Garibaldi narró cómo un empleado de limpieza del turno noche, al que ella creía un enfermero, la aterraba.

Las aberraciones de Abel

Mariela contó que el hombre de la limpieza, vecino de Longchamps, apareció frente a ella en el inodoro, sacó su pene y mientras se masturbaba, el hombre intentó tocar sus pechos y su vagina. Luego, le pidió sexo oral. «Mientras me chupaba una teta me decía que estaba muy rica», aseguró: «Yo le pedía que pare».

El hombre de la limpieza volvió a tocarla en otras ocasiones. «Me tocó la teta», dijo Mariela, de 21 años, oriunda de la periferia de La Plata: «Me puso el pito atrás». Otra paciente en Admisión dijo haber visto cómo el empleado de la noche tocaba. Mariela dio un nombre: «Abel».

El nombre de «Abel» se repitió más tarde. Otra paciente en la sala de Admisión relató cómo el encargado de limpieza «la empujó contra la pared del pasillo que une la habitación colectiva con el salón comedor», dice la transcripción de su testimonio en un documento de la Comisión Provincial: el golpe le causó un corte en la frente.

«Abel», por otra parte, no era un alias ni una confusión: era, según la imputación judicial, Abel Bordón, hoy de 50 años, oriundo de Longchamps, trabajador del lugar que resultó imputado con una causa por abuso sexual con acceso carnal que tramitó en la UFI Nº9 de Lomas de Zamora, al momento del comienzo de la causa a cargo del fiscal Mariano Leguiza Capristo.

A pesar de que Bordón recibió la prohibición de acercarse a 500 metros del hospital, tres años después, Bordón sigue en el Esteves y cobra su sueldo. Funcionarios en el Ministerio de Salud aseguran que Bordón hoy se desempeña en un área administrativa, separado de las pacientes.

Las mismas fuentes –que indican que las autoridades del Esteves acompañaron a las víctimas en hacer la denuncia penal- aseguran que tiene un expediente administrativo en su contra en la Dirección de Sumarios provincial desde inicios de 2017. Sin embargo, la decisión de separarlo de su puesto depende de «una eventual decisión de la Justicia».

Más testimonios

Una paciente aseguró haber visto a Mariela llorar. Así, la acompañó a un teléfono y aseguró que denunciaron a «Abel» en la línea 144 de atención a mujeres en situación de violencia. Otras mujeres internadas describieron otros problemas. «Te da medicación de más», dijo una mujer que aseguró que intentó abusar «de una de las chicas». Luego contó cómo «Abel» «la ahorcó, la tiró al piso y le pisó el hombro».

La víctima pudo describir a su agresor, “flaco, alto, se llama Diego”. S. no tenía vínculos a su alrededor, estaban destruidos: había sido abusada de chica por su padrastro, su madrina era su única familiar con la que tenía un poco de contacto. Apenas confiaba en otra compañera en el Esteves, con la que se entrevistaron los miembros de la CPM: a su compañera le dijo que el enfermero intentó forzarla a que le practique sexo oral.

En agosto de 2018, tres meses después, la Bonaerense detuvo a tres hombres en el Esteves por órdenes de la UFI Nº9, dos enfermeros y un jardinero acusados de cambiar sexo por remedios.

El informe elevado poco después por la CPM al Ministerio de Salud de la Provincia revela otras cosas tan cotidianas como horribles de los manicomios de la Argentina: «Tratos crueles, inhumanos y degradantes», asegura el texto, relatos de sujeción por la fuerza, internas que se bañaban a la vista de personal masculino y se secaban con sábanas viejas por la falta de toallas, huesos quebrados sin tratamiento médico, fugas, sobremedicación, exceso de «pichicatas que te inyectan» que llevaban a las internas a no distinguir el día de la noche.

En el Esteves, 25 mujeres fueron encontradas privadas de su libertad en el Servicio de Admisión con un régimen de aislamiento de 20 horas diarias, algunas de hasta 24 horas completas.

La CPM habló de «un depósito con desechos patológicos acumulados así como al aire libre… gasas con sangre, pañales, guantes de látex y prendas con sangre, 100 bolsas en total».

El Esteves, en el ojo de la tormenta

Hubo 513 ingresos en el hospital el año pasado: 217 pacientes volvían al lugar por segunda o tercera vez, una reinternación. «El manicomio produce y reproduce violencias hacia las mujeres», asegura el informe de la CPM.

Natalia Rochetti, trabajadora social, directora del área de salud de la CPM, afirma: «Se han modificado salas en el Esteves en cuanto a estructura, pero no obedece a una respuesta integral. Todo esto es tierra de nadie. No hay un control ni capacitación. El abuso no se previene con capacitación, el Esteves es un hospital público, el Estado debe garantizar la situación».

En mayo de 2018, la CPM regresó otra vez a la sala de admisión del Esteves. S., una paciente, le aseguró a una trabajadora social que un hombre, “un enfermero”, la atacó “mientras dormía”. “Cuando se despertó se vio llena de moretones en su pecho producto del manoseo”, marcó el informe posterior. Llamó a la línea 144 cuando despertó. Efectivos de Policía Científica la revisaron. Lo hizo un hombre. “No me gusta que me vean desnuda”, aseguró S.

En junio de este año, una paciente murió en un incendio en el Esteves. Trabajadores del hospital nucleados en el sindicato CICOP aseguraron que había “una sola enfermera en el turno de las 18 a 24 horas para atender a 28 pacientes”.

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